Unos niños y la serpiente marina

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En el marco del Día Internacional de la Lengua Materna, compartimos este relato que nació en la voz de la abuela y creció en la memoria del pueblo.

La historia de la serpiente de siete cabezas y el rayo que la enfrenta no es solo un cuento, es parte de la tradición oral que mantiene vivas nuestras lenguas.

Proyecto Naranjo

No recuerdo cuándo fue la primera vez que abuela Luisa M contó este cuento a los niños de la casa, pero sí la tarde en que el susto nos unió a todos los menores y nos metimos debajo de la cama mientras caía la torrencial lluvia sobre el pueblo y se escuchaba el rumor del agua en el cielo y los estruendos de los rayos. Uno de los mayorcitos convocó a una acción de prevención urgente, había que correr al único dormitorio de la casa y buscar lo que considerábamos era el lugar más seguro para protegerse del monstruo o la serpiente de siete cabezas que no dejaría títere con cabeza en caso de que se le ocurriera bajar a tierra.

Este es el cuento: Abuela Luisa M decía que cada que llueve muy fuerte, ésta lluvia torrencial es provocada y llevada a todos los lugares posibles por una serpiente marina de siete cabezas que se levanta de los océanos con cuanto puede de agua y se adentra vía área en la parte terrestre del planeta con la clara intención de aterrizar en algún pueblo o comunidad con la intención de devorar a cuanto humano o animal se encuentre y dejar el lugar convertido en laguna profunda. Y por si alguien dudaba de la veracidad del cuento, agregaba que se sabía de lugares donde hacía mucho tiempo había bajado esta serpiente y había arrasado con la comunidad.

Tras el cuento de la abuela Luisa M hubo tardes enteras en que los menores de la casa y de la vecindad deliberaban sobre la forma y tamaño de la serpiente de siete cabezas como para que se devorara en un santiamén a toda una comunidad y llevara consigo tanta agua. Y por eso cada que llovía, porque entonces en el pueblito caían lluvias torrenciales que duraban días y dejaban caminos intransitables y ríos desbordados, los niños y niñas de la casa buscaban donde esconderse, pues si caía la serpiente que se comiera a quien quisiera pero menos a ellos, y el lugar considerado más seguro era una cama de gruesas patas que debajo guardaba un espacio oscuro donde tras muchas lluvias me quedé dormido.

Eso sí, cuando la abuela Luisa M notó quizá mucho miedo en los nietos y las nietas agregó un elemento hasta cierto grado tranquilizador: el rayo. Decía que los adultos ya no tenían miedo cuando las fuertes lluvias porque sabían que el rayo siempre estaba atento y pendiente para lidiar con la serpiente de siete cabezas cuando ésta quería aterrizar en una comunidad, que por eso eran los relámpagos, los truenos. El rayo desenfundaba su espada y este relumbraba en el cielo y le cortaba el camino a la serpiente hasta que la ahuyentaba hacia otro rumbo o de vuelta al mar. Entonces, amontonados debajo de la cama, cuando la lluvia golpeaba implacable el techo de la casa, los menores estábamos tan atentos del sonido del rayo para tratar de identificar de qué lado provenía, más para saber si era uno solo o dos o tres rayos quienes en ese momento estaban en defensa del pueblito, aunque de vez en cuando fuimos testigos del daño colateral de estas cruentas batallas: uno que otro guajolote fulminado del corral de la casa o del corral vecino.

El estruendo del rayo era para la abuela Luisa M el espadazo de un superpoderoso caballero aéreo, quien nos defendía, y el ruido eléctrico que se oye de la tormenta o tromba era el vuelo amenazante de una larga y grande serpiente que los menores imaginábamos de un color verde metálico y con siete gigantescas fauces, y a esto se agregaba que al caer a tierra llegaba con mucha agua marina que convertía en laguna el lugar, de modo que te devoraba hundido y desesperado en medio de un universo infinito de agua. Si fallaba el poderoso rayo, creíamos que la cama misma podría servir de balsa y quedaba al menos una lejana posibilidad de salvarse. Ahora llueve poco, en esta parte de la zona Mezcalapa de Chiapas, pero cuando hay lluvia a veces se escucha el rayo y el ruido de la tormenta que pasa en lo alto. Ya no muy llueve, pero pervive el cuento que nos contaba la abuela.

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Juan Carlos Calderon Cuellar
Juan Carlos Calderon Cuellarhttps://proyectonaranjo.mx
Productor audiovisual & Director de Fotografía con base en Chiapas, México. Trabajo desde un enfoque honesto, humano y territorial, comprometido con la dignidad, la identidad y la memoria de las personas y los territorios que retrato. Este espacio reúne cine, música, fotografía e historias reales que resisten al olvido. 📍 Cine | Documental | Fotografía

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